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Homilia

Reflexion por:

Padre Roberto Mena S.T.

Director de Comunicaciones

Siervos Misioneros de la Santisima Trinidad





Homilia


Comentario al Evangelio del  11 de Febrero de 2018. Domingo 6 Tiempo Ordinario, Ciclo B


                                                             EL PECADO ES LEPRA

 

El Evangelio de hoy narra la curación de un leproso y expresa con gran eficacia la intensidad de la relación entre Dios y el hombre, resumida en un estupendo diálogo: "Si quieres, puedes limpiarme", dice el leproso. "Quiero; queda limpio", le responde Jesús, tocándole con la mano y liberándole de la lepra. En este pasaje vemos como concentrada toda la historia de la salvación: Cristo es "la mano" de Dios extendida a la humanidad para que pueda salir de las arenas movedizas de la enfermedad, y volver a levantarse, apoyándose en la roca firme del amor divino.

 

Hermanas y hermanos:

 

1. La lepra era considerada en la antigüedad como una impureza religiosa y el leproso un excomulgado de la comunidad por causa de sus pecados. Cristo revoluciona esta mentalidad condenatoria. Al leproso del Evangelio lo trata como a un enfermo y se interesa por su curación. Él mira a la persona concreta. El cristiano debe aprender dos lecciones: Por un lado la actitud humilde y confiada del leproso: "Si quieres, puedes limpiarme"; y por otro su fervor apostólico para divulgar las maravillas que Dios hace en un alma bien dispuesta.

 

2. La lepra como castigo de Dios por los pecados es una idea presente todavía en pleno siglo XX igual que hace dos mil años. Enfermedad sucia y contagiosa que hace impuro al hombre. El Padre Damián, apóstol de los leprosos en Molokai navega hasta la isla maldita, convive con los leprosos y cura el alma y el cuerpo a los segregados, excluidos y apartados por la sociedad; repite a modo humano el milagro que narra el Evangelio: Cristo "movido a compasión, extendió la mano y lo tocó; al instante quedó curado" .

Frente a un leproso puede haber dos actitudes: La primera, separarlo para que no contagie, la segunda, curarlo para que conviva. ¿No será que demasiadas veces seguimos instalados en el Antiguo Testamento y no conseguimos integrarnos en la era cristiana que repite el milagro de curar con el amor?

 

3. Cristo ama a cada hombre, a cada pecador, a cada leproso y por ello no se desentiende de su lepra: la cura. Es decir, lucha contra el mal porque ama al hombre y por ello quiere salvarle. El cristiano debe comprender, compartir, no juzgar, ayudar a todos sus hermanos, por más "pecador" -leproso- que parezca, sabiendo que todos somos pecadores; pero también debe reconocer que si quiere seguir al Mesías de un Reino de amor y bondad, es preciso luchar contra todo mal, ayudar a superarlo, ser intransigentes contra cualquier pacto que no distinga entre bien y mal, entre verdad y mentira, entre justicia y opresión.

Nos acechan dos tentaciones: La del fariseísmo, que divide a los hombres entre puros e impuros, entre buenos y malos y excluye a los malos de la convivencia con los buenos. La de la permisividad, que todo lo considera igual. Nunca pongamos una etiqueta a nuestro hermano. Sepamos perdonar y disculpar. Todos somos pecadores y tenemos que acudir a Cristo con fe y confianza para obtener misericordia. Cristo quiere curarnos. Nos está esperando también hoy en el sacramento de la penitencia.

 

Padre Roberto Mena ST