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Fr. Carlos A. Reyes OFM, Cap.
Domingo V Ordinario. Utuado P. Rico. Febrero 5, 2012.
Lecturas: Job: 7,1-4.6-7 Salmo: 147 1Corintios: 9.16-19,22-23 Marcos: 1,29-39 Tema: Curar los corazones afligidos: es la misión del Reino proclamado por Jesús. Introducción:
La salud, es una de las condiciones más importantes, para todo ser humano. No se puede vivir en completa armonía sí, no tenemos las condiciones físicas necesarias para poder responder al don de la vida con generosidad. Por eso estar sano, es una bendición para cada persona. Ya que los servicios médicos son tan costosos, especialmente en los países capitalistas como: Los Estados Unidos, donde estar enfermo es una pobreza, ya que para los pobres es bien difícil obtener un servicio médico a bajos costos. La enfermedad es una de las consecuencias del pecado. La enfermedad trae al ser humano: angustia, inseguridad, falta de voluntad. El cuerpo humano, entonces esta propenso a enfrentar una deficiencia física, es decir una enfermedad. Cuidemos nuestro cuerpo, para conservarlo más saludable. Solo Jesús nos da una salud integral de alma y de cuerpo. Desarrollo: Hoy, vemos nuevamente otra manifestación del Reino de Dios, Jesús está realizando otro milagro, la curación de la suegra de Pedro y otros enfermos. En la palabra de Dios, hoy encontramos realidad humana, toda vida, toda persona está sujeta a la enfermedad al deterioro físico del cuerpo humano. Job, el personaje bíblico del sufrimiento de las pruebas humanas. Job, el símbolo de la paciencia, para resistir cualquier situación inhumana a veces. Dice Job: “El hombre está en la tierra cumpliendo un servicio, sus días son los de un jornalero. Como el esclavo, esperando por su sombra, como el jornalero aguardando su salario. Cualquier situación de indiferencia que el ser humano está viviendo experimentando en su vida, no es fácil, cualquier enfermedad, lo aflige, lo desanima, le hace a veces perder la fe, la esperanza. Muchos, experimentan a veces, algo más duro, más penoso, más humillante que una simple o dolorosa enfermedad física. Otros a lo mejor están en la cárcel, por un crimen que a lo mejor no cometió, por una calumnia, por una envidia, por una indiferencia social. Otros viviendo una pobreza, por el acaparamiento de un poder corrupto, departe de algunos, que no ven el dolor, ni la miseria de algunos. La enfermedad, no solo se puede limitar a las defensas de cualquier parte de nuestro cuerpo, sino también de cualquier otra condición de indiferencia. Job, sufrió de muchas maneras, no solo de enfermedad y pobreza, sino de otras situaciones. El Evangelio fuente de liberación y sanación El Evangelio: es la fuente más clara de que el Reino de Dios, es la liberación del ser humano de todas sus ataduras, no solo de bienes materiales, sino, de enfermedad, de soledad, de tristeza y de opresión. El ser humano, podrá ser totalmente libre, solo cuando vuelva su mirada hacia Dios: se convierta y crea en la fuerza del amor que Dios, tiene para transformar nuestra vida frágil en una actitud positiva en la fe y esperanza, entonces podemos aspirar al Reino de Dios y vivir y actuar en su justicia. La gran preocupación de Jesús, por lleva su mensaje de liberación a todos los pueblos. “Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he venido”. Hermosa expresión de amor y de compromiso misionero. Que buen ejemplo, para nosotros los sacerdotes, para los buenos cristianos, el sentirse comprometido, responsables de la tarea misionera de llevar con buena voluntad el mensaje del Reino. Ese es Jesús, el buen pastor, responsable, de la salvación y bienestar de las ovejas. La oración: fuente fundamental en la vida del misionero, del buen discípulo. Cuando la necesidad es grande, mayor debe ser la preparación, para dicha misión. Jesús, conoce muy bien las demandas de su ministerio, por eso, constantemente se está preparando, buscando lo más fácil, lo más efectivo, para que todo mundo le entienda su propósito. Nuestra reacción personal en nuestro tiempo hoy: De qué manera nos sentimos parte de esa misma experiencia del Reino de Dios, en nosotros? Te provoca mucha fe, esperanzas las experiencias de fe de testimonio de muchos que han visualizado algún tipo de sanación, de liberación o de conversión de algún amigo, vecino o familiar. O tu mismo has vivido algún tipo de liberación en tu vida personal. En tu parroquia, en la comunidad parroquial que domingo a domingo se reúnen, para vivir en la Eucaristía de manera tan especial la anunciación del Reino de Dios. En la vida de algún movimiento parroquial o en la vida de algún amigo, hermano, vecino, o la práctica diaria de tu vida cristiana. Es importante, reconocer la fuerza evangelizadora de Cristo hoy en día en la fe y acción de la Iglesia, punto de encuentro del ser humano con lo Divino, Dios. Finalmente: La experiencia de fe de San Pablo a los Corintios. El hecho de sentirme, cristiano, predicador, no es una cuestión de orgullo, sino, una gracia un compromiso adquirido y recibido en el día de mi bautismos. “Ay de mi si no predico el Evangelio”. Depende de la forma de fe que lo hago, de igual manera así será mi pago. Por la gracia de Dios sintámonos responsables entonces de buscar la forma de fidelidad y de fe al llamado de seguir a JESUS. Solo su mensaje es capaz de liberarnos de nuestros males del alma y del cuerpo. AMEN, que así sea.
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